Complicidad con el lector
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Generar intriga o cómo sentir la complicidad del lector

Hoy, aunque fue el domingo cuando lo pregoné en las redes sociales, he puesto a disposición de mis suscriptores el tercer capítulo de la novela. Es evidente que tengo ganas de que me leáis. Y es lícito, ¿no? ¿Para que escribe uno si no es para que le lean los demás? Aunque bien es cierto que hay manuscritos que acaban cogiendo polvo en un cajón.

Publicar significa sacar a la luz algo que jamás ha sido visto. Cuando escribo en el blog un post como este, tras poner el punto y final hay un botón arriba a la derecha que dice exactamente eso: Publicar. Siempre que voy a darle, me paro unos segundos. Pienso: ¿Estará todo bien? ¿Les gustará lo que estoy contando? ¿Me lo tirarán a la cara?

En ese instante, siento la imperiosa necesidad de darle una última lectura, como si el mínimo error fuera a condenarme a la peor de las cárceles. Y, en cierto modo, esa posible equivocación sería toda una acusación de asesinato para un tipo tan perfeccionista como yo.

Preso con complicidad
Porfi sacadme, que ya no vuelvo a escribir cocretaaa…

Lo que quiero decir es que no hay mayor placer que vuestro disfrute navegando por mis historias. La satisfacción que me producen vuestros comentarios, vuestro deseo de leer un poquito más sobre Álex, sobre Claudia… Creedme que no hay dinero que pague eso.

Y al principio no las tenía todas conmigo, ¿sabéis? Tenía la clásica duda sobre la idoneidad de desvelar el inicio de la novela. Yo creo que el angustioso avance de Álex hasta la Galería Uffizi llevaba tanto tiempo escrito que lo tengo tatuado en la piel. Quizá era tan íntimo, tan personal que me resistía a desvelarlo.

Pero entonces comprendí que el lector tiene derecho a conocer un poco de la trama antes de comprar el libro. Esto es como los vales que regalan las marcas. Lo pruebas, y entonces dices: «Esto es la leche». Y a partir de ahí te casas con ellos. Y yo estoy loquito porque os caséis con Los hilos de la traición, así que qué mejor que hayamos tenido ya nuestras primeras citas…

Quieres casarte conmigo?

Precisamente mientras redacto estas lineas he recibido un mensaje. Paula ha leído los tres capítulos y está intrigada y con muchas ganas de continuar y desvelar el misterio. Sus palabras me enorgullecen y me animan a continuar escribiendo historias que os provoquen expectación, interés, que os trasladen hasta los escenarios que recreo para mis personajes. Y que los sintáis como propios, que os identifiquéis con ellos.

Por suerte, después de tantas piedras en el camino por la maldita pandemia, y aprovecho para tener un recuerdo para quienes han perdido la vida a manos del coronavirus, Los hilos de la traición ya recibe la inyección de tinta esencial para su existencia. Negro sobre blanco, palabras engendradas por mi elocuencia mental y que ahora quedarán plasmadas para la posteridad. Un pequeño legado pero una desmedida satisfacción.

¿Te ha gustado? Comparte para que las palabras vuelen libres.

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