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Organízate: lo peor de la cuarentena es no planificar

Vamos, aún estás a tiempo (desgraciadamente). ¿De verdad que te vas a limitar a tachar en la pared de tu casa cada día de confinamiento? ¿Vas a dejar pasar el tiempo sin poner en orden esas tareas que se acumulan en tu tintero? Si me permites un consejo, aquí te traigo la solución: planificar

Por si no lo has oído nunca, lo de posponer esas cosas que deberías atender y, en su lugar, tocarse los huevos, hablando mal y pronto, se llama procrastinar. Pro… ¿Qué?

Yo tampoco estaba familiarizado con el término hasta que leí este fantástico post de Jaume Vicent, artífice de Excentrya. A partir de ahí lo comprendí a la perfección. ¡Cuánto he procrastinado yo durante la escritura de la novela! Pero eso no es lo que nos ocupa ahora, sino todo lo contrario.

¡A planificar! Establece una rutina diaria

Si eres capaz (que lo vas a ser) de crearte una serie de hábitos por franjas horarias, ya tienes mucho camino andado. La planificación previa de tareas evitará que pienses más de lo necesario en el puñetero virus. Te mantendrá ocupado y te permitirá ponerte al día con esos detalles que te rondan hace tiempo.

Tira de Excel o simplemente hazla a mano y te la plantas en la nevera. Hablo de tu rutina, esa que previamente tienes que diseñar. Piensa en cosas que tienes pendientes. No voy a entrar ahí porque hay tantas… y para todos los gustos. Se trata de que las escribas y planifiques su ejecución, asignándoles fecha y franja horaria. Comenzamos?

Riiiiing. Sí, claro, es el despertador. Ya sé lo que estás pensando pero puedo explicarlo. Despiértate todos los días sobre la misma hora. A mí personalmente no me cuesta madrugar pero no te digo que seas tan bizarro como yo y te lo pongas a las 7.15. Simplemente márcate un horario y respétalo cada mañana.

Empieza a planificar desde el desayuno.
El desayuno perfecto

Aquí va mi truco. Café con leche y tostadas con mantequilla. «Dani, tío, que soy intolerante a la lactosa». A ver, ese es mi desayuno perfecto. Lo importante es que cuando abras los ojos cada día visualices el tuyo. A ver, como si es una tosta con nueces y aguacate; cada uno… A mí me funciona y me lleva en volandas hasta la cocina. 

Ejercicio para empezar

Ya te lo temías, ¿verdad? El deporte, ese gran desconocido. Pues créeme, es el mejor antídoto para evadirse de todo y, encima, te mantienes en forma. Yo siempre lo recomiendo a primera hora porque luego siempre cuesta más. Venga, que ya estoy esperando la primera excusa. ¿Cómo narices hago deporte en casa? Justo…

Si tienes por casa una cinta elástica, ¡bingo! En mi caso tengo una con asas y no veas el partido que le saco. Con eso y un buen punto de anclaje (no te vayas a estampar la tele en la cara) podrás mantener el tono muscular. Unas flexiones y unas planchas de abdominales… Y fetén!

Teles destartaladas
Teles que se estrellaron en el cráneo de confinados que no planificaron bien

Hora y media después, almuerzo y ducha. A partir de ahí, acude a la nevera. ¡No! ¡A por una cerveza no! Digo a mirar la rutina, no te escaquees. Siguiendo mi caso, es mi momento para escribir. La mente está despejada después de la gimnasia y las ideas fluyen con facilidad.

En este punto, te invito a disfrutar de la montaña rusa que es el proceso creativo. Yo empecé con una novela, así, sin vaselina. Pero ¿por qué no pruebas con un relato corto? La escritura es un modo cojonudo de canalizar esas reflexiones que te rondan el coco. Ficción, realismo, una crítica del último y mugriento bar que pisaste antes de la cuarentena… Yo ahí lo dejo.

Baño de realidad

Llega la hora de comer y ahí es un poco difícil esquivar los datos. O no: sólo tienes que apagar la tele. Yo no lo haría. A pesar de lo dramático de la pandemia, conviene estar informado porque el reto viene después, cuando volvamos a patear la calle y a irnos de birras.

En este punto quiero destacar la labor de los sanitarios, auténticos héroes sin capa. De su mano nos llegará al fin la ansiada libertad pero ahí tendremos que recoger nosotros su testigo y luchar para recomponer una sociedad golpeada duramente.

Será el momento de recuperar nuestra vida y por eso debemos estar fuertes y conocer muy bien la realidad. Los medios, mis colegas periodistas, también se exponen para mantenernos informados y es importante no obviar el complejo panorama que nos espera.

Y vuelta a nuestro plan

Joder, me he ido por los cerros de Úbeda. Ya hemos recogido la mesa y ahora… ¿siesta? Vale, te la compro, aunque yo no la hago. Te planteo una alternativa: la lectura. Si hay una actividad ideal para hacer en casa es coger un libro y ponerse a leer. Sumergirse en un relato nos permite viajar a otros lugares y a otros tiempos, lejos de esta realidad que nos ha tocado vivir.

Apuesto a que tienes en esa estantería del salón libros deliciosos que aún no has abierto. Hay más alternativas estos días. Son distintas las editoriales que ofrecen gratis ebooks de algunos de sus referentes. Yo me acabo de descargar Años felices, de Gonzalo Torné. Ya os contaré…

La luz del sol va menguando y nos revela que queda un día menos para recuperar nuestras vidas. Es duro permanecer encerrado pero lo es menos si empleamos el tiempo en esos placeres capaces de transportarnos a atmósferas sanas y alegres. La lectura conjuga a la perfección esa capacidad, pero ¿y si tú también te animaras a escribir?

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